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El cambio es reversible, la autotransformación permanente

QUÉ ES ACEPTIVIDAD?

Como nace una palabra...

Meditaba sobre las palabras con las que queremos expresar una idea, y encontré que el nuevo tiempo no tiene la palabra que interprete lo que queremos decir de él. Así que empecé a ver las palabras que ahora utilizamos para intentar describir este momento de ascención de la consciencia en nuestras vidas y en el planeta todo.

 

El tiempo para "tolerancia" está agotado

 

La palabra misma “tolerancia”, ya no abarca, no contiene o logra encerrar por sí sola, la esencia de lo que quiere y necesita expresar.

 

Cuando hablamos, por ejemplo, de tolerancia religiosa, los elementos y cualidades de la idea que buscamos transmitir son, en realidad, los de otra palabra que no existe aún.

 

Por tolerancia, queremos decir, queremos transmitir en general, la idea de que un grupo humano unido por características determinadas de pensamiento, de costumbres, de actividades, de rituales y de comportamiento social  comunes a ellos, “toleran” otra u otras características de  pensamiento, de costumbres, de actividades, de rituales y de comportamiento social diferentes a las suyas, pertenecientes a otros grupos humanos.

 

Lo que buscamos comunicar, lo que queremos decir, es que esta tolerancia es la cualidad que permite convivir en paz y armonía dentro de un espacio común, a las diferentes agrupaciones humanas, respetando  cada una, la diversidad manifiesta en las respectivas particularidades y singularidades de las otras.

 

Y es que, en realidad, todo esto que queremos expresar, esta idea de concordia, avenencia y paz entre los diversos grupos humanos con patrones de creencias distintas entre sí, ya no puede ser transmitida por la palabra tolerancia. El concepto mismo como tal, desborda el significado del término que empleamos para comunicarlo.

 

La palabra “tolerancia”, es insuficiente para contener tanto sintáxica como conceptualmente el significado completo de la idea total que queremos expresar, porque ella además transmite, en sí misma y de una manera impalpable y subliminal, pero contundente, todo lo contrario.

 

Si por una parte estamos queriendo transmitir, expresar, comunicar las ideas de: armonía, paz, sosiego, encuentro y acuerdo, necesarias para la convivencia entre estos diversos grupos humanos diferentes entre sí, al emplear la palabra “tolerancia”, por otra parte estamos diciendo al mismo tiempo lo opuesto, lo antagónico.

 

Basta con revisar los sinónimos de tolerancia: aguante, paciencia, flema, pasividad, espera, calma, resignación. Más grave aún, cuando vemos los sinónimos de tolerar, en la forma infinitiva del verbo. Entonces encontramos: soportar, aguantar, sufrir, resistir, disimular, sobrellevar, conllevar, sostener.

 

Es por esto que no podemos transmitir lo que queremos, las ideas que necesitamos comunicar cuando utilizamos tolerancia.

 

Tolerancia es un término inadecuado. Es muy agresivo. Si yo le digo a usted que tolero el pensamiento que acaba de enunciar, es equivalente a decirle que aunque usted está equivocado, aunque usted está en un error y yo soy poseedor de la verdad en ese asunto, aún así, he decidido que lo voy a tolerar.

 

Esta es una postura arrogante, sobrada y prepotente, en todo caso inadecuada para transmitir algún mensaje positivo, no provocador, que no suscite ansiedad, incomodidad y malestar en usted.

 

Al expresar mi tolerancia, me estoy ubicando, inevitable pero convenientemente, por encima suyo. Por supuesto que usted está en la posibilidad de hacerme saber que también “tolerará” mi postura, devolviéndome de esta forma el favor con la misma moneda. Esto puede dejar las cosas en un empate aparente y a usted un poco más tranquilo, pero en ningún caso va a ser cordial, neutral. Siempre demandará un desgaste innecesario de energía que bien se podría emplear en construir una relación amigable y no en deconstruirla desde el principio.

 

La razón es que tolerar y tolerancia, conviven al mismo tiempo con la idea de una olla a presión, que puede explotar en un momento determinado.

 

Será acaso esta la razón por la que la tolerancia ideológica, religiosa, política, filosófica o hacia algo mucho más prosaico como simplemente una preferencia deportiva, a terminado agotándose y explotando como una bomba en el transcurso de la historia? No será adecuado y necesario emplear otro término, otra palabra, otra voz, otro vocablo, otro verbo, otro adjetivo que exprese lo que en realidad queremos y necesitamos comunicar? Quizá sea el tiempo ya de reemplazar tolerancia por algo que se ajuste en verdad a la idea que queremos transmitir, aunque, inclusive, haya que crear la palabra si esta no existiera.

 

 

Una palabra mejor, "Aceptación"

 

Un término, una palabra más adecuada, más cercana a nuestra intención final es, en verdad, aceptación.

 

Retomando el ejemplo anterior, si aunque le dijera a usted que no pienso igual, pero en lugar de “ser tolerante”, en lugar de “tolerar” su postura, le digo que la “acepto”, esto torna la situación visiblemente más conveniente para ambos.

 

Yo estoy manteniendo mi posición de un pensamiento diferente al suyo, quizá completamente opuesto inclusive, pero al “aceptar” su posición, estoy a la vez tendiendo un puente, creando con el uso adecuado de la palabra como herramienta básica de comunicación, una posibilidad mejor de convivencia y permitiendo la posibilidad   para que usted haga lo mismo conmigo, aunque si usted lo hace o no, ello  no condiciona mi aceptación.

 

Aceptación viene a ser, como podemos apreciar, una palabra que se acerca más al concepto que queremos poner de manifiesto. No obstante, aún no es la palabra exacta.

 

Si bien es cierto que aceptación abraza mucho mejor nuestra idea central y es bastante más conveniente y adecuada, su inexactitud radica en que es un término pasivo, no invita a la acción, es apropiado pero insuficiente. Es acorde con el pensamiento de lo que estamos tratando de decir, pero no lo es con el sentimiento que también encierra la idea total y donde radica precisamente toda la fuerza y el espíritu de nuestra intención.

 

Es preciso convertir “aceptar” y “aceptación” en un concepto nuevo, en una palabra vigorosa que sea, por sí sola, una invitación a la paz, en un llamado a la armonía, a la concordia y a la convivencia, tan acorde al nuevo tiempo que empezamos y anhelamos vivir.

 

Esa palabra no existe en nuestra lengua.

Tal vez tengamos que crearla.

 

La cualidad que le inyecta acción a “aceptar” - “aceptación”, la que le da vida a ese todo que queremos expresar en una sóla palabra, una única expresión holística, completa, debería ser como darle actividad, agregándole movimiento.

 

La palabra nueva que propongo es Aceptividad.

 

Aceptividad como la acción de aceptar, es decir, la aceptación convertida en la actividad de aceptar.

 

 

ACEPTIVIDAD

Y surge la palabra.

Sabemos el poder que tiene la palabra. Conocemos que el lenguaje no es un instrumento meramente descriptivo, sino que tiene el poder para crear el mundo que sigue a continuación, la palabra a través del lenguaje, construye el puente que va a sostener nuestro próximo paso como civilización.

Siendo así, conscientes de que el mundo sigue a la palabra cuando esta es declarada con el suficiente poder y autoridad para hacer que se cumpla, la pregunta que surge entonces es: ¿cómo podemos pensar en el nuevo ser humano que sigue evolutivamente al actual, si no existe en nuestro lenguaje la palabra que lo contenga? si no podemos nombrarlo o llamarlo, si no tenemos como denominarlo, si no podemos referirnos a ese nuevo ser humano, porque no existe la palabra que interprete y exprese las posibilidades y potencialidades que lo manifiesten?

Sabemos que el lenguaje es creador de nuevas realidades, realizador y manifestador de mundos antes inexistentes, conocemos también que es en interrelación con el ser humano que co-crean las palabras nuevas para su evolución y crecimiento mutuos. Por esto ahora, percibimos que el ser humano-lenguaje, en su no actuar, en su no evolucionar juntos, están obstaculizando, si acaso no impidiendo, el surgimiento de este nuevo ser humano.

Sentimos que es responsabilidad nuestra generar la posibilidad de que el lenguaje encuentre como llamar, como referirse, como identificar al nuevo ser humano que está emergiendo.

Este nuevo ser humano, es alguien diferente.

Se trata de una persona que desde la seguridad, convicción y comodidad de su observador actual, se permite sospechar de sí mismo para conocer e interesarse en la opinión del otro, en la manera que el otro tiene de apreciar el mundo, en el punto de vista del otro. A la vez que, seductoramente, está invitándolo a conocer el suyo, respetando el derecho que tienen los dos por la diferencia.

La semilla de este nuevo ser humano la podemos apreciar ya en muchos de nuestros jóvenes, quienes eligen, por sí mismos, el diálogo a la discusión, el acuerdo al conflicto, evitando así la confrontación y el empleo de cualquier medio coercitivo.

Esta nueva actitud, es una auténtica promesa de renovación, es la vía para transformar nuestro mundo desde el interior y cambiar así el destino de nuestra especie, habituada a ver como algo normal e inevitable, su existencia en un clima de conflicto. Si no, atisbémonos a los últimos 5,000 años de historia, de los cuales 4,100 han transcurrido en guerras, los exiguos 900 años “de paz”, han servido solamente como preparación para la próxima conflagración.

La simiente de este nuevo ser humano, más humano, la vemos en el elevado nivel de conciencia de un número cada vez mayor de nuestra juventud, indistintamente de su género, aceptando en armonía el componente femenino-masculino que los constituye, permitiéndose así vislumbrar una nueva y poderosa comprensión de sí mismo a través del otro, todo lo cual los conduce a un nuevo umbral de comunicación, más amoroso y compasivo.

Este florecimiento del nuevo ser humano, lo apreciamos también en nuestros preciosos niños, más silentes, más observadores y contemplativos.

Podemos ver claramente esta semilla, en la compresión que tienen muchos ahora mismo, gracias a la física cuántica, de que tanto la materia tangible como la espiritualidad y los pensamientos, están constituidos de lo mismo; energía vibrando en diferentes frecuencias.

Es así, que queremos empujar al lenguaje a dar este importante paso.

Las palabras que ahora tenemos en nuestro lenguaje para acercarnos a esta posibilidad, no alcanzan para este propósito, porque se trata de una creación que debe nacer del lenguaje mismo, por tanto, si la palabra no existe, como puede eclosionar y manifestarse a la vida el nuevo ser humano que intuimos?

Interpretamos esta nueva palabra como Aceptividad.

Ensayemos la dialéctica de Aceptividad.

Revicemos otra vez Tolerancia. Es una palabra, un adjetivo, un término y un concepto que como vimos, agotó sus posibilidades para describir, menos aún para crear un ser humano mejor. Desde nuestra interpretación, observamos que la tolerancia es, en sí misma, una forma sutil y por tanto muy peligrosa de arrogancia. Una olla a presión con el potencial de explotar en cualquier momento.

La tolerancia ni siquiera es aceptación. Hemos visto ya el resultado de su intemperancia, cuando revisamos nuestros recientes 5,000 años de intolerancia, conflicto, guerras y dolor.

Aceptación, en cambio, nos parece una palabra hermosa, pero el aceptar no involucra ni vierte interés auténtico en el otro, es pasiva, solo lo acepta, hasta ahí llega, no sale del espacio de su propia deriva relacional, no se arriesga, no invita, no tiende puentes. 

Aceptividad es aceptación activa, es aceptación en movimiento. Aceptividad es aceptar al otro  y darme permiso para cruzar el umbral relacional que nos separa e interesarme honestamente en su propuesta, manifestar activamente mi intención de conocer el observador que él es, en el porqué y el para qué de su posición.

Aceptividad nos permite ser humildes y sospechar de nosotros, predisponiéndonos para estar abiertos y receptivos a nuevas formas de pensamiento, a explorar distintas maneras de enfocar y dar solucioniones a un punto cualquiera que es común a nosotros y al otro. Aceptividad nos plantea la posibilidad de crear un escenario de serenidad, en el cual escuchar lo que siente el otro con una actitud de permeabilidad y expresar lo que siento yo.

Sentimos que es tiempo de ser Aceptivos, es tiempo de darnos una oportunidad como especie, y para ello el lenguaje cumple un rol determinante, protagónico e insustituible, que no podemos ni debemos evadir y que hoy te convoca a ti, a involucrarte y si quieres, a darnos tu opinión.

El desafío es trascender la estructura tradicional de pensamiento y educación, que nos impulse a adoptar un nuevo lugar para mirar, un sitio más elevado para observarnos, que traiga consigo una visión renovada frente a nosotros mismos, frente al otro y de cara al entorno, que nos permita ser con liviandad para desaprender y volver a aprender con alegría y que nos permita fluir, liderando la transformación de nuestra civilización ahora.

Decidimos hacer frente a esta coyuntura humano-lingüística (si acaso no es una redundancia), por eso queremos compartir este espacio abierto, convencidos de la importancia que tiene conocer tu observador participativo, saber qué sientes, qué piensas, qué dices, qué haces y contribuir así con el propósito trascendental de ser aceptivos.

Gracias.

Aceptivamente,

Francisco Hoyos Serratto

Te invitamos  a que nos permitas conocer tu interpretación de Aceptividad, la puedes escribir en nuestra sección "Foro" de este site.